Juguetes de una Madre de día.

En la casa  de una Madre de  Día como “Vaivén” se da al juego infantil  una gran importancia. ¿Por qué?  Porque el juego es la actividad principal de la infancia; este término es sinónimo de “periodo de juego”. Piaget reconoció la importancia del juego y veía en la imitación una fuerza que estimula el aprendizaje y la vida afectiva.  Por otro lado, Sally Jekinson reconoce las facetas que pueden aparecer en el juego: seguridad, relaciones, descubrimiento, imaginación, hacer, falta de miedo, estar solo, transformación… Es por ello que,  en el modo en que un  que niño juega se puede manifestar tanto su estado evolutivo como su relación con el entorno.

Para propiciar el juego de los niños no es necesario que el adulto intervenga, ya que ellos tienen muchas más facultades para el juego que nosotros, y mucha más imaginación. Simplemente hay que proporcionarles las condiciones necesarias para ello: Un espacio adecuado, dentro y fuera de casa (que puedan disfrutar al aire libre en un espacio natural, aunque ya sabemos que eso en Madrid es complicado) y tiempo para jugar.

Cuando juega  el niño cambia el mundo, lo reinventa. Cualquier cosa es posible, los únicos límites son los de su propia imaginación. Por extensión los juguetes que los niños tienen a su disposición deberían cumplir este propósito: estimular la imaginación. Los juguetes sencillos son perfectos para este propósito,  los bloques de construcción por ejemplo, ya que todos los días durante el juego  se suelen construir una o varias cosas. Los materiales que me gusta elegir para los juguetes son naturales (madera, lana, algodón), y si puedo los elaboro yo misma.

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El último de ellos, que aparece en la fotografía, es una sencilla pelota de fieltro de lana 100% con los colores del arcoíris. Las pelotas así realizadas son un gran aliado del juego para los niños de cero a  tres años que conviven en el nido.  Estas pelotas blandas son perfectas para jugar al aire libre y en espacios interiores,  además estimulan el movimiento y  la posibilidad de desarrollar una serie de destrezas y habilidades físicas y psicomotrices en función de su edad: los más mayores serán capaces de atrapar la pelota cuando alguien se la lance, y los más pequeños disfrutarán lanzándola al aire o haciéndola rodar.  El juego de la pelota también es una actividad muy social e integradora, y acompañada de una canción puede convertirse en un divertido juego rítmico al que los niños se unirán encantados.

“Rueda, rueda la pelota

Hacia adelante y hacia atrás

Giran, giran los colores

Todos  juntos los verás: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta”.

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