¿Qué es una madre de día?

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Una madre de día es una educadora dedicada al cuidado y la atención de los niños menores de tres años. Por tanto se presenta a nivel social como una alternativa a las guarderías tradicionales, dado que una madre de día ofrece sus servicios profesionales en su propia casa y en grupos reducidos de cuatro niños como máximo (por cuidador). Permitiendo a las familias conciliar trabajo y vida familiar sin que se vea afectada la necesidad del niño de 0 a 3 años de permanecer en un hogar;

La iniciativa Madre de día “Vaivén” nace desde este espíritu de escucha y atención a la más tierna infancia, que solamente un ambiente familiar y un grupo reducido de niños por cuidador puede facilitar. ¿Cómo queremos vivir con los niños su día a día? ¿A qué factores les damos especial relevancia?

  • Importancia del juego libre. Tiempo para el juego y para el desarrollo anímico, establecer lazos con otros niños de diferentes edades.
  • Juguetes sencillos y artesanales que favorecen la creatividad y la imaginación.
  • Espacio adaptado para un adecuado ejercicio de la psicomotricidad, en función de la edad.
  • Desarrollo sano de la imaginación a través de cuentos, canciones, rimas, juegos de dedos….
  • Cuidado exclusivo orientado a cubrir las verdaderas necesidades del niño: afecto, juego, ritmo. Acompañar con amor y respeto.
  • Relación directa con la naturaleza y con sus ritmos.
  • Acompañamiento consciente del educador, como figura adulta de referencia.
  •  Flexibilidad de horarios.
  • Unidad y colaboración con las familias.
  • Alimentación sana y equilibrada.

Juguetes de una Madre de día.

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En la casa  de una Madre de  Día como “Vaivén” se da al juego infantil  una gran importancia. ¿Por qué?  Porque el juego es la actividad principal de la infancia; este término es sinónimo de “periodo de juego”. Piaget reconoció la importancia del juego y veía en la imitación una fuerza que estimula el aprendizaje y la vida afectiva.  Por otro lado, Sally Jekinson reconoce las facetas que pueden aparecer en el juego: seguridad, relaciones, descubrimiento, imaginación, hacer, falta de miedo, estar solo, transformación… Es por ello que,  en el modo en que un  que niño juega se puede manifestar tanto su estado evolutivo como su relación con el entorno.

Para propiciar el juego de los niños no es necesario que el adulto intervenga, ya que ellos tienen muchas más facultades para el juego que nosotros, y mucha más imaginación. Simplemente hay que proporcionarles las condiciones necesarias para ello: Un espacio adecuado, dentro y fuera de casa (que puedan disfrutar al aire libre en un espacio natural, aunque ya sabemos que eso en Madrid es complicado) y tiempo para jugar.

Cuando juega  el niño cambia el mundo, lo reinventa. Cualquier cosa es posible, los únicos límites son los de su propia imaginación. Por extensión los juguetes que los niños tienen a su disposición deberían cumplir este propósito: estimular la imaginación. Los juguetes sencillos son perfectos para este propósito,  los bloques de construcción por ejemplo, ya que todos los días durante el juego  se suelen construir una o varias cosas. Los materiales que me gusta elegir para los juguetes son naturales (madera, lana, algodón), y si puedo los elaboro yo misma.

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El último de ellos, que aparece en la fotografía, es una sencilla pelota de fieltro de lana 100% con los colores del arcoíris. Las pelotas así realizadas son un gran aliado del juego para los niños de cero a  tres años que conviven en el nido.  Estas pelotas blandas son perfectas para jugar al aire libre y en espacios interiores,  además estimulan el movimiento y  la posibilidad de desarrollar una serie de destrezas y habilidades físicas y psicomotrices en función de su edad: los más mayores serán capaces de atrapar la pelota cuando alguien se la lance, y los más pequeños disfrutarán lanzándola al aire o haciéndola rodar.  El juego de la pelota también es una actividad muy social e integradora, y acompañada de una canción puede convertirse en un divertido juego rítmico al que los niños se unirán encantados.

“Rueda, rueda la pelota

Hacia adelante y hacia atrás

Giran, giran los colores

Todos  juntos los verás: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta”.

“Moverse en libertad” Emmy pikler. Un trabajo inspirador para una madre de día.

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images  El trabajo realizado por la doctora Pikler en los  años 70 del siglo XX me ha dejado totalmente admirada. Conozco desde hace poco tiempo estos estudios; llegué a ellos  porque este libro es una de las lecturas recomendadas en la formación como Madre de Día. Me llamó mucho la atención porque coincidía bastante con lo que de forma instintiva había podido llevar a cabo en casa con mis hijos, dejando que fuesen ellos los que realizasen sus propios logros psicomotrices  y ofreciéndoles los medios propicios para ello.

Es curioso que muchos de los recuerdos más claros y hermosos que tengo de los primeros años de vida de mis hijos estén relacionados con estos logros. Creo que ello se debe a la  alegría y satisfacción que ese momento supuso para ellos, y que afortunadamente pudieron compartir conmigo.

El trabajo de años realizado por Emmy Pikler y su equipo en el Instituto Loczy con los niños huérfanos es admirable y me sorprende que sus estudios no hayan calado ya profundamente en nuestra sociedad.

En primer lugar conmueve profundamente el interés de la doctora por proporcionar a los niños del instituto el  ambiente de respeto y atención que ellos se merecen.  La sensibilidad del equipo en este sentido resulta inspiradora, con qué respeto y amor supieron ver cuales eran las necesidades reales de los niños, no solo en relación a la psicomimages (1)otricidad y el desarrollo, si no también de a las necesidades de apego y atención amorosa, evitando de esta forma  el  síndrome de hospitalismo.  Este síndrome  puede llegar a tener repercusiones muy negativas en la personalidad de los niños huérfanos, que se traducen, ya en la vida adulta, en  problemas de adaptación a la vida social.

Hasta este momento resulta bastante fascinante la capacidad de entrega y servicio del equipo Loczy hacia esta infancia que llega al mundo en una situación tan desvalida.  Pero el asunto no termina aquí, aprovechando la situación tan especial que se vive en el instituto, la doctora Pikler decide realizar un  estudio de motricidad con los niños huérfanos, que no se hubiese podido realizar de manera tan exhaustiva en un ambiente familiar cotidiano.  De esta manera la ayuda y el servicio prestado en principio a los niños sin  hogar se hace extensivo a todos los niños, junto a sus padres y familias.

En realidad estudios como los de Emmy Pikler se hacen necesarios solamente cuando la sociedad deja de escuchar lo que los niños tienen que decir, cuando hacemos oídos sordos a lo que son las verdaderas necesidades  de los más pequeños en sus primeros años de vida; y lo que no es menos grave, dejamos de escucharnos a nosotros mismos  y a nuestro sentido común.

El bisabuelo de mis hijos  tenía en los brazos varias cicatrices, y solía contar a los pequeños de la familia la fascinante historia de cómo se las había hecho: salió una buena mañana a pasear por las faldas del monte Jálama,  cuando de repente se encontró con un temible lobo que le miró fijamente antes de abalanzarse sobre él para devorarlo, pero el abuelo, sin dudarlo un momento le metió la mano en la boca hasta alcanzar la cola del animal, y tirando de ella le dio “la vuelta al lobo” como si fuese un calcetín.

En el mundo hay muchas personas valientes y voluntariosas que le dan “la vuelta al lobo”, y sin duda la doctora Pikler es una de ellas. Gente que ante una situación muy desfavorable es capaz de darle la vuelta a la  tortilla y a través de esa vivencia ofrecer  al mundo cosas buenas.

Hacer pan, una rutina en la casa de una madre de día

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El hogar de madre de día “Vaivén” se puede vivir plenamente con todos los sentidos. El calor de hogar se siente cuando, al abrir la puerta, te inunda el aroma del pan recién hecho. Es una actividad que se puede realizar durante todo el año, pero a mí me gusta sobre todo en invierno, cuando el calorcito del horno te invita a quedarte en casa, disfrutando de la vida familiar.

Amasar el pan es una de las DSC_0176actividades que más disfrutan los niños. No es de extrañar, ya que es un gran estímulo para los sentidos, desde el mismo momento en que introduces las manos en un bol colmado de harina. Esta sencilla y milenaria actividad humana es un ejercicio que los niños están deseosos de imitar y vivenciar, y para mí también es un gran disfrute poder vivirlo con ellos.

La preparación de los ingredientes para el amasado puede convertirse en un precioso ritual. Primero preparamos la harina con la sal y la levadura, después añadimos el agua y listo para amasar: por supuesto, esta es la parte más divertida! Además de la harina, el agua y la levadura, nos gusta condimentarlo también con algunas semillas de lino, de sésamo…. Y con un poquito de comino que a los niños les encanta machacar en el mortero.

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Por otro lado, el gran atractivo de esta actividad es que después del horneado…..ya está listo para comer!!!! El pan y los cereales en general son la base de nuestra dieta, y todos los que somos padres sabemos lo que le gusta el pan a nuestros hijos!!! Para ellos es algo verdaderamente especial poder degustar el pan amasado con sus propias manos.

Hacer pan no es tan solo una práctica de gran belleza, que se concreta en la degustación de un plato saludable, sino que se puede convertir en una rutina que los niños esperan con entusiasmo y emoción (las rutinas de una madre de día son bastante diferentes a las de una guardería). Además supone DSC_0184una muy buena oportunidad de desarrollar aptitudes tales como: la capacidad de espera, el trabajo manual con una utilidad y fin determinado y la participación en las tareas propias del hogar.

Si buscas una alternativa a las guarderías ven a visitarnos. En casa amasamos pan por lo menos una vez a la semana y después lo tomamos para almorzar o merendar, acompañado de un chorrito de aceite de oliva, tomate picado o crema de zanahoria.

Gustáis?

 

 

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